Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

martes, 27 de octubre de 2009

ME SENTI TAN IDENTIFICADA!!!

Aída María enseña pese a una falla visual

La maestra de quinto grado de la escuela Tarquino Idrobo, en el norte de Quito, se jubiló anticipadamente. Enfrentó una degeneración en los ojos.
Me senti identificada con Aida, porque también soy maestra de primaria y extraño un poco dar clases en la escuela. Ahora estoy con licencia médica pero ya me comentaron los doctores que es imposible que vuelva a estar frente al grado, enseñando.
Es dificil aceptar la enfermedad, pero...es lo que nos toca y debemos seguir adaptandonos a los cambios de la vida.
Cuando Aída María Montalvo tenía 8 años leía a escondidas. Sus padres Raúl y Aída le pedían que no lo haga con un “se te gastará la vista”. Su miopía progresiva provocó que un médico de Alausí (Chimborazo) les anunciara que quedaría ciega pronto. Eso no ocurrió y contra los malos pronósticos se graduó de maestra en el desaparecido Normal Superior Número 1 de Quito, donde hoy funciona el colegio Gran Colombia, en la calle Selva Alegre.
Ahora tiene 57 años y tras 32 años en el magisterio tramitó su jubilación desde julio.Sus ojos verdes ya no enfocan como antes. Desde el año lectivo anterior utilizaba una lupa para observar y corregir los escritos de sus alumnos de quinto de básica en la escuela Tarquino Idrobo, ubicada en Cotocollao, en el norte de la capital.
Hasta el viernes pasado se dio modos para impartir sus clases, pues finalmente consiguió que aprueben su trámite de jubilación. A veces no podía usar ni siquiera sus lentes de contacto pues sufría infecciones. Sin ellos únicamente ve sombras.
“Me duele, sufro una degeneración en la mácula de ambos ojos”, contó la docente hace unas semanas, durante el recreo.
Kevin Gastay, de 8 años, asegura que es una buena maestra, que no se enoja y es paciente. “Toma los libros y se los coloca muy cerca de los ojos, si no le pide a su esposo que nos lea. Él a veces la acompaña”, comenta.
Al inicio de clases, la maestra Aída les contó a los niños que tenía una dificultad para ver con claridad, les pidió comprensión y que no se rían del malestar.
Ver nota completa en:
http://ww1.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=312813&id_seccion=8

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