Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

viernes, 30 de marzo de 2012

SOLO VEO CON LOS OJOS DEL CORAZON...

Aunque el destino le barajó mal las cartas, José Gabriel Cuéllar, le ganó la partida al infortunio que lo dejó ciego. Una chispa de luz, alienta 27 años después del accidente, sus mejores sueños.


Aunque siendo niño perdió la vista, José Gabriel Cuéllar, aprendió a ver con los ojos del corazón.
El joven deportista, quien sueña con ser campeón mundial de ajedrez, aprendió como las luciérnagas a brillar con luz propia. Y no importa que el destino le haya barajado las cartas que nunca quiso jugar.
                                 Imagen: foto de Gabriel
“No es lo mismo venir al mundo ciego que perder la vista en una etapa de la vida. En mi caso, nací vidente, estudié en Neiva, donde crecí hasta los seis años cuando nos trasladamos a Bogotá. Entonces me dediqué al rebusque. Lavaba carros, pregonaba en los semáforos, vendía esferos y bolsas de basura. Y en diciembre tarjetas de Navidad”. Ahora sueña con ser un campeón que lo redima del infortunio que le apagó sus ojos.


Un conductor beodo lo arrolló cuando transportaba personal de un supermercado en el barrio La Esperanza. Ocurrió en 1985 cuando tenía doce años. Las llantas traseras le golpearon la cabeza, salvándose milagrosamente. El impacto le causó un severo trauma que le atrofió el nervio óptico y le arrebató su visión de un solo golpe.
“Fue un daño irreparable. Aunque gané las demandas- recuerda- nunca fui indemnizado. El conductor le transfirió sus bienes a otros familiares y luego desapareció sin dejar rastro”.
“Fue muy duro entender lo que había pasado-evoca sin rencores-.Para mi todo era tiniebla. Hasta mi familia me dio la espalda. Ellos creían que sería un estorbo”.
Por eso regresó a las calles a convivir en el rebusque, a buscar la vida en una ciudad bulliciosa que parece ciega. Por eso volvió a vender dulces y bolsas en los semáforos, como lo hacía ante del percance que le marchitó la vista.
Ciego amor
Pero no se le acabó el mundo. Ahora, 27 años después del accidente, entendió igual que Borges que la ceguera, era un inexplicable don, que le abrió otra luz que no veía. Y le despertó otros sentidos que no tenía.
Ahora ve no sólo con los ojos del corazón que le dieron tres hijos en dos mujeres. La primera reside en Cali con su primogénito. La segunda, con quien vive, es su compañera de toda la vida. A Olga Lucía Caraballo, también invidente, la conoció en el 2001 cuando asistía a la rehabilitación en el Instituto Nacional Para Ciegos (Inci).


“Nos distinguimos y nos enamoramos a primera vista”- dice jocosamente- Me puede fallar la vista, pero mi corazoncito funciona perfectamente”. Y tiene una explicación.
“El amor me vuelve loco, porque es ciego- repite con una sonora carcajada- recordando un chiste de un amigo ciego quien le confesó al cura del barrio que tenía cinco mujeres y 15 hijos. “¿Pero como así?” –le preguntaba alarmado el sacerdote. “Perdóneme padre, porque no veo lo que hago”, le respondía. Risas.

“Dos años después- continúa- nos volvimos a encontrar y nos organizamos. Ella, como su madre, también es invidente. Las dos sufren ceguera congénita, es decir, que son de nacimiento.”


Pero aunque ciego, veo por mis hijos. Andrés Felipe, de siete años, está perdiendo la vista. Y además, le detectaron autismo. Angélica Carolina, heredó mis genes y cursa tercer año en una escuela pública.


José Gabriel vive en una pequeña casa en el barrio San Cristóbal, en el sur de Bogotá, que está pagando en pequeñas cuotas. El saldo: tres millones de pesos, que parecen impagables.


Pese a sus limitaciones y el ejemplo de vida, José Gabriel no recibe subsidios, ni tiene ningún seguro. Tampoco patrocinios. “Del Gobierno no recibo una panela de doscientos pesos”, precisó. Los discapacitados- agregó- estamos en el limbo. Sólo recibe pequeños aportes que le dan sus admiradores para desplazarse a los torneos de ajedrez, buscando la victoria.


Ejemplo de vida


En 1993, durante el gobierno de Samper fue nombrado auxiliar administrativo en el Ministerio de Educación. Al cargo llegó por recomendación de María Teresa de Lago. “Ella ha sido mi ángel de la guardia. Ella me presentó a la viceministra de la Juventud Adelina Covo, quien me nombró”. El cargo lo ocupó durante cinco años desde el primero de septiembre de 1994 hasta octubre de 1999.


Primero le tocaba organizar las bodegas. Luego manejó el PBX del Viceministerio. Además, fue promotor de la Ley de la Juventud y un líder innato. En su tarea organizaba eventos deportivos, donde logró un amplio reconocimiento. Organizó la Marcha Bolivariana por la Paz, orientó el Festival de la Juventud en Bucaramanga y preparó a un grupo de jóvenes que viajaron al Festival Mundial de la Juventud en Lisboa.


Sin embargo, la dicha no le duró. Salió del Ministerio y retornó a las calles a seguir rebuscándose la vida en los semáforos.


Durante la Alcaldía de Samuel Moreno lo alcanzaron a nombrar como auxiliar, pero no se pudo posesionar. “Algunos mandos medios no me dejaron posesionar por mi limitación visual. Aunque presenté todos los papeles, nunca me posesioné”, narró. Nunca le dieron otras razones.


La luz de mis ojos

Pese a sus destrezas, a su ejemplo de superación, al demostrado liderazgo hoy sigue recorriendo las calles. Los diez mil pesos que vende no le alcanzan para sostener a su familia. Y menos para sufragar el tratamiento de su hijo menor, quien pierde la vista lentamente y a quien le detectaron autismo.


El menor estudia en la Fundación Juan Antonio Pardo, una institución para niños ciegos. La otra niña, de ocho años, estudia en una escuela distrital.


“Ellos son la luz de mis ojos. Lo que más le pido a Dios es que le permita ver la luz y les ilumine su camino”, comenta José Gabriel. Su otro sueño, es ser el gran campeón en ajedrez. Esta habilidad que le abrió los ojos del alma, será su mejor reivindicación, para sobreponerse a la mala partida que le jugó el destino.


“Es tan ciega la ciudad que no nos ve. Pienso que todos estamos ciegos. Unos más que otros. Unos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Y otros como nosotros que no vemos pero si miramos”, expresó mientras regresa a Bogotá, rebuscándose el pasaje, con dos de los cuatro puntos que aspiraba para clasificar al mundial de Grecia.


También juego con la mente
Muchos años después, José Gabriel regresó a su natal Neiva, donde esperaba una estrella para clasificar al Campeonato Mundial de Grecia. Y lo hizo como un maestro, capaz de ver aunque esté ciego.


“Asumo con valor las competiciones con personas videntes y me emociona saber que en muchos casos, veo mejor que ellos. Otros en cambio, se ponen furiosos porque nunca admiten que un ciego como yo les gane la partida. “Tranquilos- les digo-todos aunque ciegos tenemos sed de campeones”.


Pero no es fácil. José Gabriel juega con un tablero especial, distinto a la del competidor vidente.


El tablero tiene los cuadros negros un poco más altos que los blancos, para poder diferenciarlos con solo tocarlos. Las piezas negras llevan, en su parte superior, un alfiler que las distingue de las blancas. Por eso las reconoce. Sus manos- los otros ojos que lo guían- recorren con increíble destreza las casillas del tablero dotadas de un pequeño orificio en el centro para que las pueda acariciar sin derribarlas.

Pero aun así, pese a su limitación, puede percibir a la perfección las jugadas del adversario. Incluso, detectando movimientos no permitidos. Le ocurrió el viernes pasado en el coliseo la Libertad donde se disputaba el clasificatorio al mundial.


“Fue un error. Cuando el competidor hizo la jugada advertí que no estaba permitida. Entonces llamamos al juez y él corroboró lo que estaba diciendo”.


Pero no solo en este aspecto sienta cátedra. “También puedo jugar sin tablero. Solo con la mente. Basta que alguien me cante la partida para que al instante le recite la jugada”, repite José Gabriel, como cualquier maestro.


José Gabriel maneja el braille con la misma destreza como un virtuoso toca el piano. “Eso si, -aclara- el ábaco no es tan fuerte como mi bastón, mi guía y mis otros ojos. Lo aprendí en el Inci y en un tiempo récord pasé todas las pruebas. El Inci, me enseñó a ver las cosas de otra manera, aunque no vea”.

Por eso recorre las calles como si viera. Y conoce los sitios claves y los mejores semáforos. También las rutas de buses mejor que los que pueden ver.

Fuente: http://www.lanacion.com.co/2012/03/20/%E2%80%98solo-veo-con-los-ojos-del-corazon%E2%80%99/

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