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jueves, 4 de septiembre de 2014

UN DIRECTOR DE FOTOGRAFIA QUE SE QUEDA CIEGO...

Sebastián Alfie: "Un director de fotografía que se queda ciego es un personaje que se merece una película"

¿Cómo fue tu primer encuentro con Gabor y cuándo decidiste que sería el protagonista de tu film?
Yo buscaba una cámara para un encargo, un documental que tenía que filmar en el altiplano boliviano. Gabor era el único que la tenía. Al conocerlo, inmediatamente pensé que un director de fotografía que se queda ciego es un personaje que se merece una película.
¿Por qué te interesó el caso de la ceguera? 
Mi madre trabaja con ciegos, es profesora de Orientación y Movilidad para no videntes y de pequeño me llevaba con ella al trabajo. Quizás por eso el tema siempre estuvo ahí. Por otro lado me interesaba plantear al espectador conciencia del ver, que es algo en lo que los videntes rara vez nos ponemos a pensar.
¿Tuviste oportunidad de ver películas donde se abordara el tema para decidir qué cosas querías hacer y cuáles no?
Volví a ver La mirada de los otros (que mencionamos explícitamente en nuestro docu), ya que en nuestra película la ceguera se trata con humor, y, salvando las distancias, Woody Allen eligió ese tono para tocarla. No hay muchos otros ejemplos en ese sentido. Además de películas sobre la ceguera ví otras películas "making of", como Lost in la Mancha, sobre el fallido rodaje de Terry Gilliam en España.
¿Pensaste en algún momento que te estabas planteando una meta imposible?
No, ya que si hubiéramos fallado y todo hubiera salido mal, si Gabor no hubiera estado a la altura y no hubiera logrado cumplir su sueño, al fin y al cabo también tendríamos película. Y quizás otra película más interesante: cinematográficamente, creo que las derrotas dan más juego que las victorias.
¿Qué te enseñó Gabor en todo el proceso?
He aprendido que en cine "bonito" no significa nada. No hay un atardecer "bonito" o una ciudad "bonita". Hay un atardecer que sirve para contar la historia o una ciudad que es un buen marco o no para una peripecia. Aprendí que una vez que ya te ha ocurrido lo peor ya no le tienes que temer a nada, porque "¿qué más te puede pasar?". Y aprendí que el cine es una compañía que se elige para toda la vida y una vez que escuchas su llamado es inútil desoírlo. No hay excusas para no hacer lo que uno ama. Simplemente porque, como dicen los alpinistas, hay que subir la montaña porque la montaña está allí.
¿Qué piensa él de la película (ya que no puede verla)?
Aunque no puede verla en el sentido de "mirarla" si puede verla en el sentido de seguirla o entenderla. Como Gabor había estado presente en el 80% de las tomas, no necesitaba sus ojos para hacerlo, simplemente escuchando el diálogo podía imaginarse lo que estaba ocurriendo en pantalla. Fue muy crítico con mis primeros cortes. Me hizo observaciones muy valiosas: no olvidemos que se trata de alguien con una cultura cinéfila muy desarrollada y de una persona con un entrenado sentido de la narración. Seguí editando con sus comentarios en mente y en el estreno me dijo que la película había mejorado bastante. Conociendo su humor ácido, es su forma de decirme que le ha gustado.
¿Pensás seguir dirigiendo documentales, o te interesa también la ficción?
Como dice el documentalista Felíx Fernández de Castro, que realizó la hermosa María y yo, "el documental es una droga dura". Y tiene razón. Es un género atrapante para un realizador, en el que todavía se puede innovar mucho en la forma y en el que las fronteras entre la realidad y la ficción permiten dar a luz nuevas formas narrativas. Por otro lado el documental, con ese contrato que nos exime de poner el cartel "basado en hechos reales" porque, en teoría, sí lo son, abre un espacio en el que el espectador deja de lado la "suspensión de la incredulidad" y entra de lleno en la historia, casi con la inocencia con la que la gente corría al ver la locomotora de los hermanos Lumiere. ¿Qué más puede pedir un contador de historias que esa forma de recibir una película por parte del público? Desde luego que seguiré haciéndolos, pero sin olvidar que las reglas son las mismas que las que se le piden a cualquier buena película de ficción: personajes bien dibujados, tramas interesantes, humor, emoción, conflicto...y sobre todo, la regla de oro: no aburrir. Y el día que haga un largo de ficción (ya he realizado algún cortometraje de este género) no olvidaré lo que me ha enseñado el documental: escuchar lo que proponen los personajes y la escena y ser permeables a los regalos que nos hacen, de vez en cuando, cuando encendemos la cámara.

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