Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

miércoles, 24 de junio de 2015

VOLVER A VER CON RETINOSIS PIGMENTARIA...

Josefa Jiménez entra en la sala dubitativa. «¿Y qué voy a decir yo?».

Ella es la protagonista de una de las intervenciones más punteras que se han llevado a cabo en nuestro país. Lleva implantado en su ojo derecho un chip con 60 fotoreceptores que le permiten distinguir formas, líneas y letras grandes, aunque todo poco a poco.

Y es que Josefa no ve desde que tenía 28 años.
El lunes cumplió 62 años y, por primera vez en 34 años, «fui capaz de distinguir las velas que soplaba», comenta divertida. La acompaña el responsable de este pequeño «milagro», el doctor Juan Manuel Laborda, director médico del Hospital La Arruzafa de Córdoba.

«Hemos estado más de un año preparándonos para la operación», que duró casi cinco horas y en la que participaron hasta 11 profesionales, entre ellos dos ingenieros. Y es que Josefa ha pasado a ser la segunda paciente de España que cuenta con un ojo biónico, y la número 115 en todo el mundo.

La intervención se realizó el pasado 27 de abril y, por ahora, sólo está prescrita para personas completamente ciegas con retinosis pigmentaria, una enfermedad hereditaria que le ha hecho ir perdiendo la visión de forma paulatina y que afecta a unas 20.000 personas en España, de las que se podrían beneficiar unas 800.

 «Casi no tengo recuerdos de las cosas que vi antes de perder la vista», afirma. Ahora se vale de una videocámara «similar a la que lleva un iPhone», explica el oftalmólogo, que envía señales a la antena que rodea el ojo y que se conecta directamente, a través de estímulos eléctricos, con el nervio óptico y éste con la corteza cerebral. Gracias a ella, Josefa es capaz de diferenciar figuras.

«Va como escaneando», puntualiza la optometrista Alicia Navarro, que se encarga de enseñarle a utilizar las gafas y el ordenador que lleva colgado. «Tenemos que reeducarle la vista y es un proceso que dura unos seis meses». La paciente no lleva ni 60 días con el implante, fabricado casi en su mayor parte con silicona, y que está insertado en su ojo. «Empieza a aprender a ver», afirma el experto.
Su ojo biónico procesa las imágenes que va captando. «Es como si tuviera delante una televisión de veinte pulgadas en blanco y negro», sostiene el oftalmólogo del centro cordobés.


Repartiendo suerte
Hace siete años que Josefa está jubilada pero, tras perder la visión, «me inscribí en la ONCE y me dediqué a vender cupones». Aún recuerda con una media sonrisa uno de los premios que dio. «Di un primer premio, pero fue hace mucho tiempo, porque aún se daban en pesetas.
Sólo recuerdo que el número estaba compuesto por seises», explica, mientras su sobrina Cristina, uno de sus apoyos, permanece junto a ella. Esta vez el premio le ha tocado a ella, porque el coste de la intervención para colocarle el ojo biónico que llevará de por vida es de 200.000 euros. Y es que, como comenta Laborda, «ya tenemos siete candidatos». Sólo les falta conseguir la financiación, la primera la ha costeado íntegramente el centro de Córdoba, pero «para futuras intervenciones necesitaremos el apoyo de fundaciones».

En España, sólo este centro y el Centro Oftalmológico Barraquer en Barcelona están autorizados a realizar este tipo de operaciones. Es más, hace un año, en el centro catalán se llevó a cabo la primera intervención. La empresa responsable del dispositivo, Second Sight Medical Products, es la que concede personalmente las autorizaciones.

Uno de los momentos que Josefa recuerda con mayor alegría es «la primera vez que salí al jardín y pude ver, por fin, la fuente que tengo, antes sólo la oía». Y es que Josefa hasta ahora se movía por la voz y los sonidos y, desde el pasado mes de abril, ya distingue luces, los claroscuros. En su casa vive con su hermano Ángel, también afectado por la enfermedad, e insiste en cómo ha mejorado su día a día. «Ya no me tropiezo con las puertas así como así», bromea.

Este complejo microchip, «con el que ya se están haciendo una serie de estudios para utilizarlo en personas con degeneración macular (existen alrededor de dos millones de afectados en España)», tiene un curioso origen. Según el responsable médico del centro, el dueño de Second Sight «es una persona adinerada que tenía un amigo con retinosis pigmentaria y decidió invertir en investigación para ayudarle. Así nació el chip».

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