Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

lunes, 9 de mayo de 2016

LENTES DE CONTACTO Y UN DATO IMPORTANTE...

Igual que la piel, la boca, la vagina o el intestino, también el ojo humano alberga una variada población de bacterias que le confieren protección contra otros microorganismos extraños. Sin embargo, como han demostrado científicos de Nueva York (EEUU), el uso de lentes de contacto puede modificar esa flora microbial, lo que explicaría porqué los usuarios de lentillas tienen más riesgo de infecciones.



La revista de la Sociedad Americana de Microbiología, mBio, acaba de publicar un estudio dirigido por la doctora María Domínguez-Bello, cuyos resultados ya se habían adelantado sin tanto detalle en la pasada reunión anual de esta sociedad.

Sus conclusiones tras analizar 250 muestras de 58 adultos demuestran que las bacterias oculares en personas que usan lentes de contacto se parecen más a la población de microbios que alberga la piel que rodea al ojo que a las bacterias presentes en el propio ojo en sujetos que no usan lentillas.

Como recuerda la investigadora en declaraciones a EL MUNDO, especialista en microbiota, los usuarios de estos dispositivos para corregir defectos de la vista tienen mayor riesgo de sufrir infecciones, como conjuntivitis o queratitis, “por lo que esta cuestión es muy importante”. Sin embargo, aunque hasta ahora se habían estudiado bien las bacterias que pueden colonizar la propia lente, hasta ahora no se había indagado en el impacto que este dispositivo puede tener sobre las propias comunidades bacterianas que pueblan nuestros ojos. “Hasta ahora se habían publicado un par de estudios sobre flora ocular, pero éste es el primero en compararla con usuarios de lentillas”.

El trabajo comparó la población de microorganismos de 58 personas presentes en la conjuntiva (la parte roja, junto al lagrimal; no sobre el globo ocular) así como en la piel que lo rodea bajo las pestañas. Además, sólo en 20 de ellos (nueve usuarios de lentes y 11 que no) se hicieron mediciones tres veces al día durante seis semanas. También se analizaron los microorganismos en 20 lentes.

En este sentido, la doctora Mª Jesús González, especialista en Óptica del Instituto de Oftalmología Aplicada de Valladolid (IOBA), explica que el trabajo es interesante, sobre todo por el método utilizado para analizar las bacterias, aunque admite que se trata de resultados aún preliminares, obtenidos con una muestra muy pequeña que habrá que ampliar en el futuro.

En total, los investigadores observaron que el microbioma del ojo en quienes sí corregían su visión era más rico en bacterias más propias de la piel que del ojo,como Pseudomonas, Acinetobacter, Methylobacterium y Lactobacillus. En cambio, el ojo de quienes no usaban lentillas era más rico en Haemophilus, Streptococcus, Staphylococcusy Corynebacterium.

La población de bacterias que observaron los investigadores fue también ligeramente diferente entre hombres y mujeres, así como entre aquellos que había recibido algunas gotas analgésicas para alguna cirugía ocular y los que no (“lo que sugiere que una sola gota es capaz de alterar la composición de la microbiota”).

A pesar de sus conclusiones, los autores admiten que serán necesarios más trabajos para conocer la causa de este fenómeno, aunque apuntan dos posibilidades. O bien que estas bacterias se transfieran al ojo a través de la piel del dedo, durante el propio acto de colocarse la lente; o bien que, de alguna manera, la lentilla sea capaz de desplazar de la superficie del ojo a ciertas comunidades bacterianas en favor de otras.

Los investigadores apuntan a que el ojo tiene mayor diversidad de bacterias que la piel, lo que asemeja a su población microbial más a la que tenemos en la boca y apuntan. “Estos resultados tienen implicaciones, por ejemplo, considerando el efecto antimicrobiano de algunas lágrimas artificiales”.


De momento, los investigadores admiten que, más allá de reforzar la higiene, el trabajo no tiene aún implicaciones para los 100 millones de usuarios de lentillas que se calcula que hay en el mundo.

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