lunes, 10 de septiembre de 2012

UNA REFLEXION DE VIDA...

La escuela de música dependiente de la universidad nacional de San Juan, incorpora a estudiantes no videntes a sus aulas

En esta nota deseo contarles mi experiencia como persona con discapacidad visual que logró estudiar en la Universidad a pesar de las adversidades que se me presentaron y presentan en la vida.

Desde noviembre del año pasado, estuve luchando para lograr lo que más me gusta, estudiar música. Cuando comencé la búsqueda de mi sueño tenía inquietudes y sentía miedos pero los quité de mi camino y continué adelante. Investigué cómo podría incursionar en este ámbito y con la ayuda incondicional de de la Comisión Directiva de Discapacidad de la Universidad Nacional de San Juan comencé mis estudios musicales superiores.

Gracias a los profesionales que se animaron a confiar en mí y en todas las personas que necesitan apoyo y desean estudiar pude empezar a cumplir mi sueño. Sin mirar lo de afuera, los profesionales se interesaron más por lo que tengo, mi talento, y no por lo que me falta.
Quienes deseen aprender pueden hacerlo solo tienen que buscarlo, “el que busca encuentra” dice un popular proverbio. Todas las personas con o sin discapacidades podemos y necesitamos crecer intelectualmente. Así logramos desarrollarnos de una forma más integral en nuestras vidas, y el estudio nos abre la puerta para el trabajo y la dignidad.
Quise entrar a la Escuela de Música dependiente de la UNSJ porque siento que a través de ella puedo transmitir todo lo que necesitan los demás.
Cuando me llamaron para decirme que tenía una entrevista con María Inés Graffigna, la directora de la escuela, me evaluaron para saber sobre mis aptitudes y talento musical. Fue agradable su recibimiento, me sentí muy cómoda.
Ingresar a la escuela de música y comenzar a estudiar lo que amo no fue fácil ya que leer música es algo totalmente nuevo. Sin embargo los profesores que se animaron a enseñarme no dudaron en ningún momento en aceptarme sin importarles mi condición.
Participar en la escuela me anima pues escucho anécdotas de mis profesores que me cuentan cómo han sido testigos de personas ciegas que pudieron aprender música y se destacaron en este ámbito.
Escucharlos me brinda ánimo para seguir cada día, así me siento más segura y feliz pues sé que con esfuerzo todos podemos lograrlo. Todo lo que deseamos es posible, gracias a la puerta que se abre, llamada oportunidad. A pesar de mis errores en algunas evaluaciones estoy firme y feliz en esta segunda parte del año.
Estoy con fe por lo que me espera y con humildad deseo enviarles a quienes leen esto un mensaje positivo acerca de las personas ciegas. Porque con mi ejemplo le puedo demostrar a muchos que sí se puede, tan solo no debemos desaprovechar las oportunidades que Dios y la vida nos dan.
Domingo Benegas.

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