Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

lunes, 12 de octubre de 2015

ESTUDIAR MUSICA EN LA OSCURIDAD....

Sonidos para sentir el mundo podría ser la consigna que llevan adelante Luciana Mariezcurrena y Matías Iraira, dos jóvenes alumnos ciegos que están cursando los estudios de Formación Básica Musical en la Escuela Superior de Música de esta ciudad.

Luciana, de 26 años, y Matías, de 34, tuvieron la posibilidad de iniciar sus estudios gracias a un convenio firmado entre esa institución educativa y la Fundación del Banco Provincia del Neuquén para facilitarles la lectura de las partituras. El convenio establece la incorporación del profesor especializado y saxofonista Julián Mega (ver aparte), quien les dicta clases de musicografía braille -que duran entre dos y tres horas-, sistema que utilizan las personas ciegas para estudiar la escritura musical.


Luciana vive en esta ciudad y hace cuatro años quedó ciega por padecer diabetes. Desde chica quiso estudiar música, empezó cuando tenía 8 años pero luego abandonó y posteriormente se recibió de técnica en Laboratorio.
“A causa de la ceguera empecé a hacer cosas que tenía inconclusas, como la música, cosas que me permiten ser más independiente”, cuenta Luciana, quien dos veces por semana se toma el colectivo en el barrio SMATA, donde vive, para asistir a clases.

Cuenta que al anotarse, en un principio, se asustó porque “no sabía cómo podía adaptarme al estudio” pero que después con el apoyo de su familia decidió anotarse. “En un futuro van a tener una pianista ciega”, afirma con una amplia sonrisa.

Matías también se toma el colectivo pero lo hace desde la localidad rionegrina de Fernández Oro. “Me tomo el Ko-Ko, me bajo en la avenida Argentina y Elordi, y desde ahí camino hasta la escuela”, describe su itinerario para llegar a clases.

Cuenta que quedó ciego a los 9 años mientras un amigo del barrio manipulaba un arma que fatalmente se disparó e impactó en sus ojos. Desde el accidente, los padres de Matías lo estimularon con la música, regalándole guitarras, teclados y todo tipo de instrumentos para que el pequeño pudiera desarrollar el oído.

“El sonido es nuestro ojo”
Ambos se conocieron en Awkinko, una asociación que aglutina a personas con discapacidad visual. Coinciden en que les resultaba difícil estudiar cada uno por su cuenta, por eso decidieron anotarse juntos en la escuela de música. “Con el apoyo del otro se hace más fácil, lo que uno no entiende se lo pregunta al otro”, dice Matías, quien pasó anteriormente por el Instituto Universitario Patagónico de Artes (IUPA) de General Roca.
En su casa, Matías pasa muchas horas practicando con diversos instrumentos. Ahora se volcó al piano, además de tocar el teclado y la batería, pero asegura que su fuerte es la guitarra. “Estudio porque me siento bien tocando. Me gusta desde la música clásica hasta el rock. Quiero vivir de la música”, sostiene. Luciana lo interrumpe y cuenta su devoción por todos los estilos, “desde la bachata hasta el tango”.
Para ambos, la música es su tesoro más preciado. “El sonido es nuestro ojo”, define Luciana.

Les menciono que hay grandes exponentes de la música que eran ciegos, como Ray Charles, Stevie Wonder y el pianista catalán Tete Montoliu. Ellos dicen que son referentes que los “impulsan y motivan a continuar y seguir aprendiendo”. Saben que además de la pasión y el esfuerzo, que les sobran, todo es cuestión de dedicarle muchas horas a practicar. “Ojalá puedan abrirse camino para que otras personas con discapacidad decidan estudiar música. Es indudable que tanto Luciana como Matías tienen más potencialidad en el oído que una persona vidente”, asegura Jorge Navarrete, uno de los profesores que les da clases.

El profesor que les da clases también es no vidente

“Es un momento histórico porque antes la escuela no recibía personas ciegas”, resalta Julián Mega, el profesor de musicografía braille de Luciana y Matías.

Mega tiene 62 años, es maestro de música y profesor de informática y desde hace 16 años quedó ciego como consecuencia de un glaucoma. “El braille es el único recurso que las personas ciegas tenemos para tener un contacto directo con lo escrito. El braille también sirve para escribir y leer música”, señala Mega, quien además es referente en discapacidad visual en la Universidad Nacional del Comahue.

Sostuvo que la memoria juega un rol fundamental en los músicos ciegos, “ya que deben memorizar las partituras”. “Depende el instrumento, por ejemplo, uno puede ir tocando el piano con una mano y leyendo la partitura con la otra; pero si es un instrumento de viento o una guitarra que se necesita utilizar las dos manos, entonces se memoriza la partitura”.

Señaló que su idea es poder capacitarlos en estos dos primeros años “para que ellos en un futuro sean los que tomen la posta y puedan enseñar musicografía braille a otros estudiantes ciegos”.

Por último, el profesor destacó que tanto a Luciana Mariezcurrena como a Matías Iraira los nota muy entusiasmados en cada clase, “lo que se refleja en la pasión por hacer música”.



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