Para tener en cuenta

La información es proporcionada solo con fines informativos y no debe ser usada con fines de diagnóstico o tratamiento. Además no debe sustituirse para diagnóstico y tratamiento profesional. No soy oftalmologa, solo presento noticias e informes que no suplantan la información del medico profesional.

jueves, 11 de junio de 2015

ARTE Y OBRAS PARA PERSONAS CIEGAS...

¿Cómo logra un artista plástico sensibilizar con su obra a personas ciegas? ¿Cómo consigue que esos dedos que se deslizan por sus esculturas comprendan lo que quiere transmitir? El desafío era mayúsculo. Pero una profesora platense de Grabado y Arte Impreso lo enfrentó. Se puso la vara bien alta: pensó y creó las piezas para no videntes de nacimiento, realizó la muestra nada menos que en la Biblioteca Braille, y la inauguró minutos después de rendir con esa obra su tesis de grado para obtener la licenciatura. “Me gustó mucho. Además, para alguien ciego es muy buena porque se entiende perfectamente lo que desea plasmar”. No lo dijo el jurado de la tesis. Lo dijo Noelí, no vidente desde los 4 años. La mejor calificación.

“Tuve que reeducar la visión; prácticamente despojarme de todo lo previo”, expresó Daniela Cadile, parada frente a las nueve panzas que representan los nueve meses de embarazo y que se exponen en el largo y luminoso pasillo de la biblioteca de 5 entre 60 y 61.
Daniela se graduó como profesora en Artes Plásticas -orientación Grabado y Arte Impreso- en la facultad de Bellas Artes. Luego inició la licenciatura. Y cuando presentó el trabajo final -previo a la tesis- tuvo una fuerte experiencia que la llevó a adentrarse a fondo en el mundo de la ceguera.
DE LA OSCURIDAD A LA LUZ
“Consistía en un relato sobre tres caras en relieve, que se iban iluminando hasta finalizar en un grito, todo ello en un cuarto cerrado y totalmente a oscuras. Me ocurrió entonces que mucha gente me dijo ‘no pude terminar de verla, me dio miedo, me asusté porque no tenía referencias visuales’. Al poco tiempo me pasó lo mismo con otra intervención de similar estilo”, relata la artista platense para contar que “a partir de allí me puse a pensar qué le sucedía a las personas ciegas, cómo sería su imaginario en cuanto al arte”. Se acercó entonces a la Biblioteca Braille, cuando funcionaba en calle 47, y comenzó un exhaustivo trabajo de investigación.
Tras remarcar que en ese centro le abrieron las puertas “de par en par” -ayer para investigar, hoy para exponer y rendir su tesis-, Daniela realzó que mantuvo largas charlas con Cristina Calvo y Paulina Grossi. “Ingresé en un mundo absolutamente ignoto, en el que conocí gente terriblemente abierta, maravillosa, que me enseñó muchísimo”, enfatizó la artista.
Cadile dijo que en ese momento comprendió que “la imagen (artística) para no videntes estaba poco desarrollada”, y que aquello que existía se basaba casi exclusivamente en entramados de texturas.
Más enseñanzas. “Hay muchos tipos de cegueras, por lo que comencé a analizar hacia donde apuntar. Terminé decidiendo que iba a trabajar para ciegos de nacimiento, para aquellos que no tenían recuerdos de las imágenes con que nos topamos a diario los videntes”, relata. Entraba en un mundo aún más complejo.
Pero como Cristina y Paulina eran ciegas de nacimiento, no dejaban de dar pautas -sin quererlo muchas veces- para que Daniela “reeducara” su visión, su arte. “¿Por qué hiciste una cara de perfil y yo puedo tocar un ojo que está de frente?”, fue una de las preguntas que le hicieron. “Es mi forma de dibujar”, respondió, pero tomó nota sobre el alcance que la abstracción podía tener en una futura obra.
“Yo no me había planteado el color. Y un día Cristina me preguntó: ¿Por qué no vas a ponerle color? ¿Y la gente que ve?”. Recibía lecciones de vida, a diario.
Pero su obra “siempre tiene mucho blanco, hasta lo exagero”, dice Daniela, quien comenta que la gran encrucijada fue qué imagen trabajar, sobre todo luego de que Cristina y Paulina le dijesen que a ellas les gustaría disfrutar de algo placentero.
“Sentí un paralelismo entre mi embarazo y la ceguera. El niño en la panza no se ve, pero se siente”, dice. Y así nacieron 9 panzas de pulpa de papel, nueve meses (ver aparte). Algo “realista, legible, un relato”, añade.
El lunes pasado llegó hasta la biblioteca el jurado de tesis. Aprobada. El jueves, Noelí también la aprobó. “Es algo hermoso”, casi exclamó. Y Daniela lloró.

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